Código genético musical: SERRAT

Debía tener once o doce años cuando Serrat sacó un directo, cuyo título no recuerdo. Si me acuerdo, sin embargo, de la carátula donde se podía ver a Joan Manuel de espaldas frente a un gran foco, con su guitarra, subido al escenario. El tono de la cubierta del disco era azul. Nosotros, mis hermanos y yo, ahorramos pacientemente durante semanas y, cuando tuvimos el dinero suficiente, fuimos al gran almacén de turno a comprar el doble casette de Serrat. Nos hizo muchísima ilusión. Pusimos aquellas cintas una y otra vez durante nuestros viajes a la isla y también en casa, “pónmela hasta que se arranquen los trocitos de hierro y cromo”, como dice Kiko… Veneno.

Lo de nuestra afición por Serrat nos venía de antiguo. Durante años, mi madre, siempre alegre, siempre cantarina, nos había deleitado con las canciones más famosas de Joan Manuel Serrat. Era su favorito, lo sigue siendo. Encandilada por el cantante, en cuanto a manera de cantar y de ser, nos transmitía la especial atracción intercalando canciones infantiles y de cuna con Mediterráneo o Palabras de Amor.

Con el tiempo la afición que me venía en el código genético se fue afianzando a fuerza de escuchar las novedades que iba sacando el cantante catalán y de algún que otro concierto. No soy una enganchada a Serrat. Supe, realmente, lo que era seguir a un cantante cuando conocí a mi amigo Víctor, un apasionado de la obra de este cantante. Sin embargo, creo que la música de Joan Manuel Serrat me ha acompañado toda la vida, como a todos. Creo que sus palabras, su especial voz y su forma de cantar han sabido calar hondo en mí, en ti, en miles de personas que tienen alguna de sus canciones entre sus favoritas.

Ayer cuando escuchaba la entrevista que le hacían en el Ojo Crítico, con motivo del Premio que este programa le concedía por Toda su Trayectoria, recordaba a mi madre cantando, a nosotros ahorrando pacientemente,…, sólo él es capaz de aunar tantos sentimientos, de moldearlos, de darle forma y de expresar aquello que tenemos dentro. Sólo su expresión sencilla y su saber estar (como si viniera de tomarse un café y no hubiera roto un plato en su vida) hacen viable la identificación común con personas de distinto talante, condición, edad y carácter.

En mi mente, siempre han estado presentes, unos versos que hablan del amor incondicional, de no querer cambiar a la otra persona, sino amarla tal y como es, la pura verdad que no varía, por mucho que nos empeñemos:

“No me pidas que no piense

En voz alta, por mi bien,

Ni que me suba a un taburete

Si quieres, probaré a crecer,

Es insufrible ver que lloras

Y yo no tengo nada que hacer.

Cuentale a tu corazón

Que existe siempre una razón

Escondida en cada gesto

Del derecho, del revés

Uno sólo es lo que es y anda siempre con lo puesto

Nunca es triste la verdad,

Lo que no tiene es remedio.”

(Soy sinceramente tuyo. Joan Manuel Serrat)

Si quieres escuchar el programa que le dedicaron ayer en el Ojo Crítico, pincha aquí:

http://www.rtve.es/alacarta/audios/el-ojo-critico/ojo-critico-para-gran-orgullo-senti-muy-feliz-cuando-comunicaron/1271169/

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