MATERNIDAD ONÍRICA

Al niño soñado le entono una canción de cuna muda , sin música y letra, pero con sentido, con-sentida.

Al niño soñado arrullo en mis brazos, sintiendo el calor de sus dedos pequeños, percibiendo muy dentro su mirada confiada, cargada de significado, tierna, pendiente, solicitante, directa, dulce, expresiva y, al tiempo, profunda.

El niño soñado balbucea, se mueve,  busca el pecho, hambriento, y bebe.

Para el niño soñado soy fuente de vida, necesaria, oportuna, manjar, extraño lazo difícil de expresar, el de la madre y el hijo.

El niño soñado sonríe a su madre etérea, subconsciente, verdadera.

Y al despertar, siento vacío por lo que soñé e increíble placer por la experiencia vivida, tan real como soñada.

Si mi mente pudo describir esa sensación, aunque sólo fuera en sueños. Si pude reconocer ese lazo inexplicable, ese cordón invisible, fue porque antes lo viví, hace ya mucho tiempo.

Sentimiento nostálgico al recordar la fragilidad de unos brazos, el calor de unas pequeñas manos, la mirada profunda y sincera de la diminuta criatura. Maternidad vivida, presente, real.

Cierro los ojos, besos al aire, tienen destino, mi niño soñado.

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