EL TESORO HEREDADO

Hace un par de semanas, el conocido escritor Javier Marías hablaba en su Zona Fantasma del suplemento EPS sobre el desgaste de las palabras. Su artículo se titulaba “Ojo no tenemos otras” y se refería a la ligereza con la que se utilizan algunas palabras como “torturador”, “asesino”, “homófobo”, “holocausto”… Explicaba que estos términos son extremadamente graves y que, sin embargo, son utilizados en el lenguaje cotidiano con demasiada normalidad. Ofrecía varios ejemplos de uso incorrecto de estas palabras y se detenía en encontrar términos sustitutos que concretaban mucho mejor el significado de lo que queríamos decir. En definitiva, se preguntaba que si utilizamos estas palabras de manera tan habitual, qué dejaremos para cuando realmente tengamos que hacerlo. El desgaste de estas palabras es progresivo y avanza a pasos agigantados.

Nuestro idioma es muy rico en posibilidades de grados. Sin embargo, tendemos a la exageración, no nos detenemos a pensar y utilizamos con demasiada frecuencia los mismos términos para referirnos a situaciones muy distintas. Un buen ejemplo de ello son los insultos, palabras malsonantes o palabrotas. El comenzar a utilizarlas por los más jóvenes siempre ha sido un signo de crecimiento. Recuerdo que en la adolescencia, el que las utilizaba atravesaba el umbral de la “madurez” a ojos de los demás. Sin embargo, en la actualidad, su utilización está muy extendida. Son palabras comodín de la mañana a la noche, que se aplican para todo sea bueno o malo, en todos los ámbitos, incluso en los medios de comunicación, donde antes estos términos eran tabú.

Un ejemplo de ello es la información deportiva, crisol de todo lo que acontece en el devenir de estos tiempos porque todo, absolutamente todo pasa por allí. Muchos periodistas deportivos utilizan de manera habitual términos malsonantes o palabrotas. No cuidan el lenguaje. Las muletillas son constantes, no buscan los grados a los que nos referíamos antes y el desgaste de las palabras continúa. Muchos de nuestros niños y jóvenes no escuchan ni ven otro tipo de informativos en televisión o radio, sólo atienden a la información deportiva. Las maneras y formas de estos informadores se transmiten a la comunidad en su área más sensible, en los que se suponen nuestro futuro. Pienso que es necesaria una reflexión generalizada sobre esta cuestión porque si no el grupo  “palabras moribundas” (al estilo Alex Grijelmo) será cada vez más numeroso y el empobrecimiento del idioma será cada vez más real.

Las palabras son material sensible con el que trabajamos, unos y otros, todos los días. Que lo cotidiano y la escasez del tiempo no sean excusa ni motivo para no detenernos a pensarlas, moldearlas, cuidarlas. Es un tesoro heredado que no debemos perder.

Si quieres leer el artículo de Javier Marías al que me refería, titulado “Ojo, no tenemos otras”, pincha aquí:

http://www.elpais.com/articulo/portada/Ojo/tenemos/otras/elpepusoceps/20111023elpepspor_18/Tes

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