EXPIACIÓN

Dice la RAE que “expiación” significa borrar las culpas, purificarse de ellas por medio de un sacrificio. Al hablar de “El olvido que seremos”, la autobiografía novelada de Héctor Abad Faciolince, me quedo con la parte de “purificarse por medio de un sacrificio”. Porque es así. Tiene que haber sido un tremendo sacrificio relatar parte de tu propia historia, en gran medida dolorosa, sin un ápice de sentimentalismo mal entendido, sin un vestigio de insulto directo hacia los malvados. Sí, sin embargo, con grandes dosis de amor por lo propio: la familia, la patria, los libros, la educación recibida,…

Héctor Abad Faciolince nos regala en “El olvido que seremos” un retazo de su propia historia, la parte principal de su vida, describiendo en su instantánea tanto lo ocurrido como el escenario en el que se mueve, mostrando con trazado apenas perceptible el momento histórico vivido por Colombia en la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo no hace un relato histórico, entrega la fotografía personal con un desprendimiento y una generosidad de amplitud no detallada pero completa, con envoltorio que podría ser ficticio pero resulta ser increíblemente real.

El escritor colombiano se deshace en la página en blanco y se recompone en cada uno de los signos marcados, buscando en su memoria, en su alma, rescatando del olvido los detalles y gestos y hablando, sobre todo, de las personas, verdaderos artífices de lo que nos ocurre, de lo que nos pasa, creo de manera muy acertada.

Por eso es tan fácil identificarse con él, porque todos tenemos un progenitor que ha determinado nuestra forma de ser, un familiar que ha desaparecido de la forma más absurda e inesperada, un medio social que intenta modelarnos en contra de nuestra inercia a mostrar el lado más rebelde y salvaje.

Agradezco a mi amiga del alma (a la que tengo que dar gracias ¡por tantas cosas!) que hiciera posible que yo leyera este libro. Recomiendo en gran medida su lectura y finalizo con palabras incluidas en uno de sus capítulos con la esperanza de que te transportarán tan lejos como me han llevado a  mí.

“La cronología de la infancia no está hecha de líneas sino de sobresaltos. La memoria es un espejo opaco y vuelto añicos, o, mejor dicho, está hecha de intemporales conchas de recuerdos desperdigadas sobre una playa de olvidos (… )”.

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