Momento mágico

A veces la vida ofrece momentos mágicos. Pasan desapercibidos a los ojos de la gente común pero para ti son, han sido y serán instantes especiales por razones a veces poco explicables. Es a estos momentos a los que te aferras en el alegato de defensa de tu vida corriente. Son esos minutos de gloria que combinan el placer y la serenidad en un cocktail necesario para arrancar los pasos de tu camino y continuar el sendero de tu trayectoria vital. Los momentos mágicos pueden venir dados por infinidad de razones. Las causas son sencillas y sólo identificables por aquello que sientes, ese sentimiento indescriptible que te hace pensar que todo vale la pena. Los motivos pueden ser espirituales, intangibles y etéreos, y también materiales, proporcionados por lo bueno del mundo y de la vida.

Un momento mágico reciente fue la combinación de tres causas naturales y materiales. Por un lado, la increíble música de Ludovico Einaudi. El compositor italiano ha estado en España en estos días y en la radio le hicieron una entrevista recordando sus composiciones. A mí me vino a la cabeza, “Devenire” esa genial obra de arte que sirve de banda sonora para uno de mis programas radiofónicos favoritos “El ojo crítico” de RNE. Ludovico es simplemente un genio. Un fenómeno que recomiendo.

El segundo elemento o tal vez el primero vino dado por el libro que estaba leyendo al escuchar a Einaudi. “El cuaderno de Maya” de Isabel Allende. La última creación de esta autora que empieza a escribir sus libros cada mes de enero es hermosa y original, desde mi punto de vista ¡claro!. Allende vuelve a conquistarme porque consigue en mí un efecto catártico. Es capaz de introducirme de tal manera en la historia que me sorprendo a mí misma riendo o llorando cuando leo sus palabras. Esa exteriorización de lo que se siente al leer sus novelas ocurre con muy pocos autores. A mí, por lo menos, me pasa sólo con ella. Disfruto leyendo sus libros. Viajo sin moverme del asiento. Ahora mismo estoy en Chiloé, la isla donde se desarrolla parte de la narración. Una isla fantástica, como la mía.

Tercer elemento de la combinación mágica. El instante se completa con el té de media tarde, una gota de leche o soja  y “un poco de canela”. El olor de la canela me recuerda a las natillas de mi madre y de mi abuela. Con canela todo es mucho mejor. Para mí es la mejor de las especias. Vuelvo a pensar en la película “Un poco de canela”, con la que también viajo, me voy a Estambul y recorro la historia del cocinero Faris y su amada Said, una historia donde la realidad hace imposible el encuentro. Pero siempre queda la infancia, el momento donde se cuecen el increíble pastel, pan o bizcocho que seremos cuando seamos mayores. El secreto es la canela, el tercer elemento.

Einaudi, Allende y canela. ¿Lo ves? Un momento mágico. Todo merece la pena.

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