DE CÓDIGOS CIFRADOS Y OTRAS FÓRMULAS NUMÉRICAS

Existe un lugar creado para salvaguardar los miles de recuerdos de todo el mundo. Más de cien millones de personas podrían perder sus recuerdos antes del 2050. En bandoderecuerdos.com se ofrece la posibilidad de guardar tu recuerdo en uno de los numerosos cajones que tienen en la pantalla y,  al tiempo,  de apadrinar recuerdos y buscar recuerdos de otros. Para que no se pierdan, para que permanezcan en el tiempo y el espacio. Para continuar existiendo cuando ya no estemos aquí o por si nuestra memoria  se va borrando cada día sin explicación y sin remedio.

Cada ser humano tiene dos códigos cifrados paralelos. Por un lado, está el físico, el genético, el conjunto de cromosomas que nos determina, nuestro ADN. Al lado, como una línea invisible que nunca llega a percibirse, se encuentra la fórmula numérica que constituyen nuestros recuerdos, las vivencias, las experiencias que tenemos a lo largo de toda nuestra vida, que nos describen, nos impulsan y también nos determinan. Este segundo código es muy curioso porque a modo de caleidoscopio va cambiando según la posición que vayamos adquiriendo en la vida. Las formas y colores van dibujando bellas imágenes que se acumulan en nuestro interior. Las instantáneas aparecen y desaparecen. Algunas se graban con fuego, otras surgen como manantiales imprevisibles, como fuentes inagotables, cuando pasamos por tal o cual lugar, olemos aquella fragancia especial, convivimos de nuevo con alguna persona que hacía tiempo que no veíamos, sentimos el tacto único de esas páginas en blanco que un día nos dieron y que nosotros vamos rellenando con nuestra propia historia.

La singularidad de este código cifrado formado por recuerdos, material sensible, es tal que varía según la persona que nos esté definiendo. Quiero decir que hay acontecimientos de nuestra propia historia que sólo conoces tú, que tenemos en común y que serán mi tarjeta de visita siempre que pienses o hables de mí. ¡Eso es genial! Porque implica una pluralidad de contenido completamente enriquecedora. Somos poliédricos y en el fondo podemos ser vistos desde un número infinito de ópticas.

La importancia de los recuerdos reside precisamente en esto. Sin ellos, sin nuestra propia historia, no somos nada. De ahí la necesidad de encontrar un medio externo para permanecer en el mundo: un libro, una página Web con una idea original, una obra artesanal, un árbol, una canción,….

Hagamos un trato, al estilo de Benedetti. Yo me acordaré siempre de ti y tú de mi. Y al pensarte, seré capaz de almacenar al menos un recuerdo tuyo en mi alma. Cuando te conocí, cuando viví la experiencia más dura contigo, cuanto te quise en un determinado instante, cuanto te eché de menos, cuando me regalaste una sonrisa o una palabra, ….

Los recuerdos, como ya  he dicho antes, son matemática perfecta en la imperfección de la vida. Soy gracias a ellos, soy gracias a tus recuerdos y los míos. Gracias por recordarme, por acordarte de mí.

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