CONSTRUIR CON TERRONES DE AZÚCAR

El otro día soñé que uno de los palacios de la isla, en el que se realizan diversas actividades culturales y sociales, había sido objeto de un estudio. Los expertos habían descubierto que estaba construido con grandes piezas de azúcar, con lo cual a partir de aquel momento el edificio estaba abocado a la destrucción, al desastre, y debía dejar de ser utilizado. Este sueño fue para mí muy simbólico. Son muchos los que desean la utilización de este palacio, atraídos por el dulzor de la construcción. Y por otro lado, la fragilidad hará que se deshaga sin remedio ante la mirada estupefacta de aquellos que lo quieren para sí pero no hacen nada por evitar el triste derrumbe. Materialidades. Tiene este sueño también un punto de vista más espiritual, de aquel que construye sobre un suelo que se hunde, que invierte esfuerzo olvidando que su edificio está levantado sobre terrones de azúcar, que en cualquier momento se pueden deshacer. Un trabajo en vano.

A veces ocurre esto. Te das cuenta de que el esfuerzo diario es como construir con piezas de dulce sabor, como dar vueltas en torno a una noria sin llegar a ningún punto concreto, como el ratón que hace girar la rueda a base de correr y correr sin un destino preciso. Sin sentido. Cuando te das cuenta de lo que sucede viene la exasperación, muchas veces no expresada con palabras pero sí con actitudes o silencios.

Afirma Stéphane Hessel, en su famoso libro “¡Indignaos!” que “la exasperación es una negación de la esperanza. Es algo comprensible, casi diría que natural, pero precisamente por eso no es aceptable. Porque no permite obtener los resultados que eventualmente puede producir la esperanza”. Estoy de acuerdo con esta afirmación. Sin embargo, descubrir la esperanza dando vueltas a una rueda es, a veces, ciertamente difícil. Aún así siempre he creído en la siguiente sentencia: donde hay palabra hay vida, y donde hay vida hay esperanza.

Encuentro pues la razón para seguir creyendo  en la palabra, que se ofrece como vía de salida, como túnel de escape, como privilegio al alcance de todos. A ello se suma otra determinación: la pasión. Si no logramos hacer de cada uno de nuestros gestos, de nuestras acciones un universo apasionado, cargado de energía positiva para compartir, el esfuerzo habrá sido en vano. Si conseguimos dedicar a cada uno de nuestros movimientos el pensamiento oportuno y la fuerza precisa, contagiando a aquellos que dan vueltas a nuestro alrededor, tal vez nuestro gran palacio esté construido sobre algo más que terrones de azúcar. O no, pero al menos tendremos el logro de haberlo intentado.

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One Response to CONSTRUIR CON TERRONES DE AZÚCAR

  1. Fer says:

    Creo que la diferencia entre terrones de azúcar y bloques de cemento está en los ojos con los que se mira la construcción. En la mente de quien la contempla debemos aumentar la esperanza de la que habla Hessel, que es algo innato del ser. A veces solo hace falta un empujoncito, otras veces se ha de emplear más tiempo y esfuerzo. Pero creo q se ha de emplear. Solo entre todos podemos hacerlo. Pasito a pasito: “vamos despacio porque queremos llegar lejos”.
    un abrazo hermana

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