Master of de wind

(Me pidieron que hiciera un artículo para la revista del Insti y estas fueron las palabras que brotaron de mi corazón. Como la publicación ya está en la calle, ahora las comparto también con vosotros. )

A Sonia y José Antonio, in memoriam

Hay una canción de Manowar titulada “Master of the wind” que traducida viene a decir que hemos de encontrar nuestro propio fin, que donde un camino termina otro comienza y que todos hemos de seguir el destino de nuestras propias ilusiones. Siempre que escucho este tema, sonrío porque esa ha sido mi máxima durante toda la vida, lejos de la racionalidad, el impulso de los sueños y el latir del corazón han empujado mis pasos, con mayor o menor acierto pero siendo fiel al interior, buscando siempre la superación, al menos personal.

Hace 21 años que pisaba por vez primera nuestro Instituto. Venía de una ciudad más grande y sólo conocía a dos personas en todo el centro, un hermano y un primo. Con lo cual, las sensaciones del primer día de clase fueron una mezcla de terror y nerviosismo. Miedo a lo desconocido, tristeza por lo perdido, incertidumbre a raudales. Malos presagios. Sin embargo, a menudo nuestras expectativas no se corresponden con lo real. Aquel curso, el que precedía a la universidad, fue determinante en mi forma de ver la vida. El centro me acogió de una manera increíble y encontré personas que significaron mucho para mí, con las que sobre todo compartí un tiempo de sueños.

Soñábamos. En mi alma latía el sincero deseo de escribir y comunicarme a través de las ondas. Era mi vocación y lo sabía. Mi interior, además, estaba inundado de ganas de conocer gente nueva y de saber más acerca de todo lo que me rodeaba. Conocí a Sonia, que me ofreció una perspectiva nueva a la hora de ver el mundo. Valorando la transcendencia del cielo, de la luz, de los pájaros volando en primavera, … Pilar, Marisol, Maite, Rocío, Sonia, Antonio,… hicieron de mi vida algo especial aquel curso, más allá de los conocimientos y las ideas.

Desconozco si os habrá pasado en alguna ocasión, pero creo que nuestros compañeros de clase nos determinan. Muchas veces actuamos en función de lo que piensan o dicen. En este Instituto, cambié este rumbo y decidí que nada de lo que dijeran o hicieran debía cambiarme. La época del Instituto es una de las mejores en la vida de cualquier persona. Sólo hay que ser capaz de reafirmarse por encima de lo que otros piensen, de valorarse, de sentir que tenemos algo que decir, de plantearse nuevas metas, nuevos sueños, siendo conscientes de que somos los Señores del Viento.

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