REVOLUCIÓN RURAL

En la isla se escucharon hace unos días tambores de paz. Recorrieron las calles a ritmo de timbal, el grupo llamó la atención sobre sus propuestas y la gente habló sobre ellas. El silencio de la tarde fantasmal en la isla se rompió a golpe de tambor. Mi hijo me hizo la pregunta de rigor al verles. ¿Qué piden? Le ofrecí algunas orientaciones básicas, explicándole que lo más importante es que por fin se habla y se dialoga sobre un tema tan básico como es la convivencia y la democracia, y que es precisamente esta forma de gobierno lo que nos da la posibilidad de hablar. Eso es lo fantástico de esta situación, que ha pasado de la interioridad al exterior. Cuando uno se dio cuenta de que pensaba lo mismo que muchos, lo dijo y, entre todos, creyeron que era posible hacer mejor las cosas.

El mismo día del sonido de tambores, leí un reportaje con fotografías en un periódico de tirada nacional. Unas instantáneas bellas en blanco y negro. Y me dí cuenta de que yo tenía un problema. Me identificaba con las ideas que se exponían en Sol, pero no con las personas que estaban representadas en el reportaje. Ninguno era pescadero y se levantaba a las cinco de la mañana para ir al mercado. Ninguno era un currante de fábrica que desarrolla su empleo en turnos abominables. Ninguno de los que allí aparecían era una mamá preocupada por la función de fin de curso de sus pequeños. ¿Qué ocurría? ¿El reportaje era sesgado? ¿Es la revolución de unos pocos? ¿La mayoría de la gente no quiere erradicar el bipartidismo, reformar la ley electoral, conseguir derechos sociales, mejorar la democracia? Por las conversaciones que he podido tener con gente de diferentes edades, creo que es una opinión muy generalizada: se identifican con el pensamiento y con las ideas, pero… Y siempre hay un pero.

La tendencia de estos días es el levantamiento. Se levantan las acampadas por inercia temporal. Levantamos la mano para hablar. Hace menos de un mes, el 15M se inició un proceso. Se ha llamado la atención a nivel mundial, se ha creado una tendencia y todo eso es bueno. ¡Se ha hecho a la opinión pública pensar y reflexionar sobre un tema tan importante como es el sistema democrático! El logro esta ahí, es real. Algunos dicen que no lo van a conseguir. Yo digo que ¡ya lo han conseguido! Sin embargo, hay que dar un paso más que pasa por la organización, la generación de cambios en la opinión pública y sobre todo por el compromiso personal con las ideas, algo que es muy, muy difícil.

A todo ello añadiría un talante especial en la revolución de ideas en el mundo rural. Si bien es cierto que el sistema es igualitario para todos, la realidad nos demuestra que el abismo entre el mundo rural y el urbano es cada día mayor. La tendencia a la supresión de derechos básicos, el abandono de las tradicionales fuentes de recursos, la extensión de cupos demográficos imposibles, el grifo abierto de la despoblación, el cerrojo mental que puede suponer el enclaustramiento, los pequeños reinos de taifas, … Todo es más cuesta arriba si el entorno que te rodea es rural, más difícil porque a las desventajas habituales se unen muchas más. También tiene sus características favorables, de hecho escogí vivir en un medio rural porque es mi preferencia, pero el listado de inconvenientes es largo.

Conclusión: continúo pensando que, como dice un amigo mío, la realidad es sinfónica, y al interpretarla con todos los instrumentos nos daremos cuenta de que las notas musicales suenan realmente bien, sólo hace falta ponernos de acuerdo para ello. Un día de estos.

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