Lo que pasa

Primavera en la isla. Los elegibles han iniciado una carrera sin sentido para ver quien habla con más gente. Como si en los últimos  años, no hubiera habido nadie con quien hablar. Como si en esta tierra la gente hubiera estado muda y de repente, de manera milagrosa, el personal hubiera desatado su lengua y su oído. La conversación se fotografía, se amplía, se da a conocer como algo único. Realmente lo es. Al estilo de “yo también hablo con mis semejantes” la lista de encuentros de unos y de otros se amplía. Talk show en los días previos al acto final. El milagro del encuentro se produce a cada instante. Será que nos acercamos a los días… santos.

En la tele aseguran que no pueden vaticinar si lloverá o no en Jueves Santo. Dan incluso tres predicciones posibles. Como si leyera una bola de cristal, la meteoróloga se aventura. Lo dice pero no lo dice, no sea que se le eche encima el colectivo de miles de personas que depende de la decisión turística de playa o montaña. Sin embargo, la isla interior no se presenta como opción viajera. Bajan los datos de marzo, no hay preguntas para el presente periodo vacacional. El buque se hunde y, sin embargo, siguen hablando.

Paz. No todo va a ser negativo. Encuentro la paz en los colores que ofrece el entorno. Paseo entre bellos tonos rosáceos, disfruto con los violetas de algunas plantas, nado entre distintas pinceladas blancas, espumas imaginarias para olas que no existen y que a mí me parecen ¡tan reales!… En el jardín de doña Julia, las lilas despliegan todo su perfume. La magia de este olor me llega al alma.

Escucho a Roberto Álamo hablando de su blog y de sus poesías. Lo primero que me viene a la cabeza es su interpretación de Urtain, la obra que nunca vi aunque lo planifiqué, la representación de la que tanto se habló el año pasado. Pincho en su blog (http://www.roberalamo.blogspot.com/) Y lo inmediato que leo es una cita del Club de los Poetas Muertos (una de mis pelis favoritas –gracias Fani y Juanlu por el inmenso bien que me hicisteis al regalármela- ). “Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia, quería extraer todo el meollo de la vida….”

 

No juzgo los poemas que leo. Cada uno escribe lo que piensa y siente, y tal vez eso sea lo importante. Esta mañana me he levantado con Gabriel Celaya pegado en la oreja, susurrándome aquello de “poesía para el pobre,  poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto….” Y de entre los poetas, me asomo a las palabras de Benedetti y Salinas porque disfruto de ellas. En sus versos vierten vida, a través de sus frases encuentro el meollo de toda existencia.

Sonrío porque tú lo haces.

En mis sueños, tú eres lo que me pasa.

 

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