El periodismo es un cuento

 

“El periodismo es un cuento” así se titulaba precisamente un libro de cuentos escrito por mi admirado Manuel Rivas y publicado hace ya muchos años. Sí, es un cuento pero, en mi caso, también es una profesión con la que mantengo una relación de amor-odio que a veces se descontrola entre lo real y lo soñado. El periodismo en mi caso es vocacional, fue mi meta y aspiración desde que tenía once años y he luchado por ejercerlo durante toda mi vida. El periodismo me ha dado alegrías y penas, a partes distintas (elijan ustedes la proporción) y me ha hecho ver el mundo a través de un prisma crítico y distinto a otros oficios. He dicho bien, oficio, porque los que nos dedicamos a esto somos artesanos de la palabra, nuestra materia prima. Como en todas las profesiones, hay maneras y maneras de practicar esta peculiar forma de artesanía. Si bien es un trabajo denostado por los que no lo realizan y maltratado por muchos de los que lo utilizan como fuente de recursos, el periodismo es mi profesión y en muchas ocasiones reflexiono sobre medios, periodistas, líneas de actuación, novedades… Estas reflexiones surgen por inercia, casi sin querer.

 

Por ejemplo, hace una semana en una tertulia de una radio conservadora hablaban sobre el tema de los medios públicos y los medios privados. El tertuliano se limitaba a repetir como un loro la postura que defendía la emisora para la que trabajaba y se le notaba a doscientas leguas. Naturalmente, su opinión iba en contra de la existencia de los medios públicos. No entendí sus argumentos. No comparto su opinión, en absoluto. Para mí, los medios públicos son imprescindibles porque garantizan un contenido que los privados no pueden o no quieren incluir en su programación. Sobre todo, a nivel informativo la forma que por ejemplo Televisión Española tiene de cubrir noticias internacionales difiere en gran medida a la de otras cadenas. A nivel creativo la cosa también es distinta, hay espacios radiofónicos que las privadas no programarían ni por asomo como “El ojo crítico”, “La Estación Azul” o los teatros en el aire que se están haciendo, el último un “Drácula de Bram Stocker” que merece la pena escuchar. No estoy en contra de lo privado pero lo público me ofrece espacios, pequeños oasis, que de otro modo serían imposibles.

 

Esta defensa y afición por los medios públicos no impide que escuche o vea cadenas televisivas o radiofónicas privadas. De hecho, mis orígenes como oyente se vinculan a la SER que era lo que se oía en mi casa. Me considero más radiofonista que periodista. Crecí con las coplas de Carlos Herrera, el programa nocturno de Jesús Quintero y, por supuesto, las mañanas de Iñaki Gabilondo, al que he seguido durante todos estos años. Precisamente, esta semana Gabilondo estrena un video-blog del que aún no tengo una opinión formada pero que habrá que ver o escuchar, sin duda. (http://blogs.elpais.com/la-voz-de-inaki/)

El blog de Iñaki viene a demostrar que los que nos dedicamos a esto, solemos buscar espacios de aire para poder seguir hablando, aunque nos sumerjan en el fondo del agua y traten de silenciarnos, impidiéndonos respirar. Fenómeno este, el del ahogamiento literal o metafórico, al que muchos periodistas están sometidos en todo el mundo. No es el caso de Miguel Jara, periodista que va a sacar a la luz un libro titulado “Laboratorio de médicos” sobre el tema de los medicamentos, los visitadores médicos y el dinero que mueve este negocio (para más información http://www.migueljara.com) En una reciente entrevista, Jara explicaba que nunca se ha sentido presionado y esto a pesar de que los temas que trata en sus libros comprometen a más de uno en la industria farmaceútica y de la salud en general.

 

A veces sueño que tengo otra profesión distinta a la que tengo. Incluso pienso en vías de salida para el laberinto en el que me metí hace ya 19 años. Pero es a lo que me he dedicado siempre y mientras queden espacios para poder ejercer esta profesión, creo que continuaré en la brecha, aún a riesgo de llorar y reír a partes distintas, elijan ustedes la proporción.

 

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2 Responses to El periodismo es un cuento

  1. Miguel Jara says:

    Pues así es Pandora. Suele quedar más épico contar que te han presionado pero no ha sido así, si algún día sucede lo contaré, claro. Lo que sí ha habido y supongo que sigue habiendo son puñaladas por la espalda, intentos de desacreditar al periodista.

    Me ha gustado tu post, despide autenticidad… como el buen periodismo.

    Un saludo cordial.

  2. VICTOR says:

    Es complicado encontrar el oficio perfecto. Ocurre lo mismo que con el amor. Seguiremos buscando en la medida de nuestras posibilidades claro.

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