Definitivamente, hoy no.

A veces, tienes la impresión de que el tiempo va más deprisa que tú. Te echa una carrera constante y pareces no llegar a los sitios en el momento preciso, en el instante oportuno. Es en esos momentos cuando te dan ganas de bajarte del tren, tirarte en marcha si hace falta. No porque estés triste, que no. No porque se acumulen los problemas, que tampoco. Sí porque parece que no das de sí y que el estirarte como goma de mascar se hace cada vez más duro y difícil. No sonrío porque no quiero. Protesto porque puedo. Me paralizo porque no me queda otro remedio. Y en el sin remedio de este devenir de acontecimientos está la razón de esta inquietud que me mata por dentro y que difícilmente puede salir a la luz, porque no sé expresarla con palabras y para la música me falta tiempo. De nuevo, el tiempo. La avaricia de aquel que intenta llegar más allá de lo que sus alas le permiten se convierte en ansiedad del que sueña con intentarlo aunque se derritan sus extremidades. Llegarán días de sol (que no al sol) pero definitivamente hoy no.

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