SE BUSCAN

(Dedicado a todos los que, como yo, asumen el despiste como parte de su personalidad y de su vida cotidiana.)

¿Mis gafas? Mis gafas tienen vida propia. Hoy jinetean descaradas sobre mi nariz prominente. Mañana descansan en algún rincón de la casa rebosando felicidad. Llega a tanto el ajetreo de este par de monóculos pretenciosos que aspiran al ocultismo extremo, escondiéndose de mí, su dueña, en los lugares más recónditos de mi hogar.

De modo que, de vez en cuando, pego en la pared del pasillo un anuncio con letras impresas: “Se buscan. Gafas de madre perdidas. Recompensa: 1 euro”. Mis pequeños atienden al reclamo más por avaricia que por solidaridad. Levantan cojines, recorren todos los rincones hasta que finalmente aparece el objeto ansiado, oculto en lugares tan insospechados como la parte inferior de la cama o  de un sofá.

Es tal el interés de mis gafas por mofarse de mí que eligen los sitios más increíbles para esconderse. Cuando finalmente las encuentro, me siento burlada por lo inmaterial y por las vueltas que he dado a causa de mi despiste. “Nunca más”, me digo y prometo. Silenciosa, cobijo mis dobles ojos en su lugar adecuado, la funda poco frecuentada. Nunca más.

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